En el blog anterior (“Modelo”) sosteníamos que “No es que el modelo cambió en algún momento, o más precisamente a partir de la presidencia de Cristina Kirchner, como sostienen algunos políticos y economistas.  El modelo ha sido siempre el mismo.  Si no se percibían los desequilibrios que hoy saltan a “simple vista” fue porque las condiciones económicas, sociales y políticas iniciales y la situación internacional así lo permitieron.  Desde el mismo momento en que fue puesto en vigencia, la economía tomó un sendero de colisión.  La necesidad de compensar un peso débil (bajos salarios) con políticas de precios e ingresos distorsivas y con gasto público e intervencionismo creciente era inherente al modelo.  La combinación de tipo de cambio real muy competitivo, precios internacionales favorables para nuestras exportaciones y un dólar débil en el mundo permitió contar con un importante colchón de rentabilidad en el sector real de la economía.  Y, al mismo tiempo, aseguró suficiente cantidad de recursos fiscales como para que las distorsiones de precios de relativos, los bajos salarios y las ineficiencias de la gestión pública pudieran compensarse cómodamente con más gasto público.

Precisamente, el sendero de colisión al que hacíamos mención se ejemplifica muy gráficamente tomando la evolución del gasto público del Sector Público Nacional (SPN). El gráfico muestra el crecimiento de dicho gasto durante las últimas 4 gestiones presidenciales (Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner x 2).

Crec Gasto Publico SPN

El sendero de gasto del SPN muestra la terrible inclinación de la clase política gobernante a aumentar el gasto de manera desmedida.  Nótese que tanto durante los últimos 2 trimestres de la gestión de Eduardo Duhalde y los primeros años de Néstor Kirchner el gasto público creció a tasas superiores al 20% anual, en un contexto de baja inflación, creciendo bien por encima del PBI nominal.

El crecimiento del gasto se aceleró aún más durante los últimos 2 años del gobierno de Néstor Kirchner hasta alcanzar un promedio del 30% pero con picos de crecimiento incluso superiores al 40% anual durante los meses cercanos a la elección presidencial de 2007.  El 30% de crecimiento promedio durante esos años de gestión de Néstor Kichner se convertiría en una suerte de piso de crecimiento durante los 6 años que siguieron de gestión de Cristina Fernández de Kichner.

La gastomanía de estos largos 12 años, llevó el gasto público a niveles nunca vistos en términos de su peso dentro del PBI (del orden del 43% tomando el gasto del sector público consolidado -Nación, Provincias y Municipios).  Carga que sobre el sector privado resulta mucho mayor cuando se corrige por la calidad de los bienes públicos que están detrás de dicho gasto: educación, salud, seguridad, justicia, infraestructuras, etc.

Pero claro, esta gastomanía tiene límites, los cuales comenzaron a hacerse evidentes hacia 2007:

  • Se aceleró paulatinamente la inflación, que era de un 10% hacia el primer trimestre de ese año, hasta llegar al 25% hacia la mitad de 2008.
  • Néstor Kirchner aumentó las retenciones a las exportaciones en noviembre de 2007 (generando un aumento de la recaudación de casi AR$4,200 M o 0.5 puntos del PBI);
  • Ya a principios de 2008, se intentó aumentarlas nuevamente sin éxito (resolución 125, conflicto con el campo y voto no positivo);
  • Se prohibió el ajuste por inflación en el cálculo del impuesto a las ganancias;
  • Se recurrió a la estatización de los ahorros previsionales capturando no sólo el stock sino también el flujo de los aportes, que hasta ese entonces recibían los fondos de pensión privados (unos 1.2 puntos del PBI o AR$12,000 M)

Ahora bien, lo ocurrido con el gasto muestra claramente que el modelo, tomando su pilar o característica más trascendente, ha sido siempre el mismo.  De allí que resulte preocupante que muchos políticos sostengan que hubo dos modelos durante la década Kichner:  uno bueno (con Néstor Kirchner) y uno malo (con Cristina Fernández de Kichner).  Mi sensación es que ello se debe a que una u otra manera a todos les hubiera gustado ser y hacer lo que fue e hizo Néstor Kirchner.  A todos les gustaría poder aumentar el gasto y a todos les gustaría poder hacerlo sin límites.  Y esto es lo preocupante. Porque una cosa es que el tamaño del Estado se ajuste por acción, diferenciando lo prioritario y lo importante de lo que no lo es, y otra que se ajuste porque no queda otra o porque las cosas pasan.   La historia argentina muestra que las correcciones en el tamaño del Estado se produjeron siempre “gracias” a crisis inflacionarias e hiperdevaluaciones.  Es probable que esta vez ocurra lo mismo.  Pero lo importante es cuál será la actitud que prevalecerá luego.  Quien tenga la responsabilidad de gobernar tendrá la misma inclinación gastomaníaca que a mi juicio esconde la mayoría de los políticos más populares de la Argentina.  De ser así asistiremos al final de un ciclo y al comienzo de otro muy parecido con otro final igualmente anunciado.