(Texto tomado de [email protected] Económicas 2113)

Hay argumentos o hipótesis que resisten el paso del tiempo más que otras.  Esa resistencia o permanencia la podemos juzgar, quienes hacemos presentaciones públicas o privadas a nuestros clientes, a partir de la duración que tiene una determinada slide dentro de las elegidas para ser exhibidas.   Dentro de las que hoy uso, la más duradera (aunque con variantes), es la que muestra lo que podríamos llamar una taxonomía de las crisis en Argentina.

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Hemos venido sosteniendo la hipótesis que para que una crisis o corrección macro se perfeccione se requieren de 3 ingredientes básicos: 1) debilidades macro que deben ser corregidas.  Desde 2011 (cuando comenzamos a incluir esta slide en nuestras presentaciones) Argentina tiene todas las debilidades que usualmente se presentan como la “causa” o razón de una crisis: déficit fiscal financiado crecientemente con emisión monetaria, la cual a su vez genera inflación, que no se traduce en devaluación de la moneda, lo que produce apreciación cambiaria, atesoramiento creciente y escasez de divisas.  2) Las crisis pasan en un momento concreto de tiempo, cuando la percepción que “así no va más” se generaliza, y para eso hace falta un “gatillo”: un evento que coordine las expectativas y acciones.  Por lo general tales eventos, como un shock externo o climático, son de naturaleza impredecible.  3) Por último, hay otro ingrediente fundamental, que siempre estuvo presente en las grandes correcciones macro de la Argentina: la debilidad política del presidente o lo que podemos llamar la falta de gobernabilidad.  No existe en la historia reciente de Argentina una crisis económica que no haya tenido como actor relevante un gobierno débil o sospechado en cuanto a su durabilidad.

Hasta aquí ha sido la ausencia de debilidad política y la falta de un hecho coordinador de expectativas lo que explica por qué, a pesar de que la macro economía argentina requiere una corrección, no se haya precipitado en una crisis.  El “ancla” de gobernabilidad de la presidente Cristina Kirchner es clave a la hora de explicar por qué un modelo agotado ha sobrevivido estos últimos 2 años.

Es por eso que el proceso hacia las elecciones de medio término, con las PASO de este fin de semana de por medio, y sus posibles resultados resulten tan importantes para las perspectivas económicas de 2014 y 2015.  Es cierto que está en juego también si la presidente contará con suficiente poder parlamentario como para viabilizar una reforma constitucional que le permita su reelección, pero hace tiempo que ese escenario no está dentro de los más probables.  Primero por la oposición que manifiesta la opinión pública a dicha reforma.  Segundo, porque ya una gran cantidad de legisladores y de candidatos a ocupar una banca han refrendado por escrito que no apoyarán una reforma. Y por último, porque las encuestas más serias anticipan un resultado electoral que no le daría el margen necesario para buscar dicha reforma constitucional.  Esto no significa, sin embargo, que el oficialismo no intente por varias vías mantener viva la idea de una reforma; pero, a sabiendas de las baja probabilidad de tener éxito, lo haría para mantener durante algún tiempo la iniciativa política y el control de la agenda mediática y, eventualmente, la agenda del resto de los poderes de la República.

Pero volvamos al escenario más probable y a la cuestión de la gobernabilidad.  Siguiendo también las encuestas más serias, todo parece indicar que el oficialismo sumaría en las PASO alrededor de 1/3 de los votos al nivel nacional y otro 1/3 de los votos en la trascendental provincia de Buenos Aires. Un resultado pobre si se lo compara con el obtenido en las elecciones presidenciales de 2011, pero no tan pobre cuando se lo compara con la elección, también legislativa, de 2009.   Más aún, la ausencia de un partido de oposición o un frente opositor con fuerte presencia nacional, le permite al oficialismo ser la única fuerza política que sumará votos en todos los distritos electorales.  Incluso el radicalismo o el socialismo, al ir solo o en diversos frentes locales, no podrán sumar fácilmente “sus” votos a nivel nacional.  El resultado entonces promete también un oficialismo, que aún cuando no gane en ninguno de los distritos más importantes, contará con una importante ventaja respecto de sus competidores (al menos, de nuevo, al nivel nacional), llegando probablemente a más que duplicar al segundo en votos.

Entonces, el gobierno no superará un umbral tal que le permita ir por la reforma constitucional con chances de lograrla, como tampoco quedará por debajo de otro (digamos 30%) que lo convierta en un gobierno claramente sospechado de ingobernabilidad.  Esto aún cuando no logre ganar ninguno de los distritos importantes, pero mucho menos aún si finalmente la lista oficialista se impone en la fundamental provincia de Buenos Aires.

Vale a esta altura una digresión sobre la representatividad de las PASO.  O sea, hasta qué punto lo que sucederá este fin de semana, resultará un anticipo de lo que sucederá en octubre.  Y en todo caso que puede pasar de aquí a octubre.  Cuáles factores pueden jugar a favor y cuáles en contra del gobierno.  A favor del gobierno juega la posibilidad de seguir haciendo conocer a sus candidatos (lo que quedó demostrado en las dos semanas desde que se dio a conocer la conformación de las listas) y las indefiniciones y la pobres campañas de la oposición, sobre todo en la provincia de Buenos Aires.  En contra, la economía: la inflación y la aceleración de la incertidumbre cambiaria seguirán afectando expectativas, generando más incertidumbre acerca de lo que puede pasar después de octubre.  No tan claro como los anteriores factores están los mismos resultados de las PASO que pueden gatillar un cambio respecto del destino del voto útil (dentro de los que se sienten de oposición o lejos del gobierno) como del destino del voto a ganador (en el caso de los que no se sienten de oposición o son más cercanos al gobierno).

Más allá del resultado final, lo que sabemos, tomando como base lo que predicen la mayoría de las encuestas, es que con 1/3 de los votos a nivel nacional el gobierno seguirá siendo la primer minoría, que la oposición seguirá fragmentada y que su representación dentro del Parlamento no sufrirá una debacle.  En consecuencia, la gobernabilidad no se verá cuestionada inmediatamente después de las elecciones (ni de las PASO ni de las definitivas de Octubre).

Pero atención! La dinámica económica, de no mediar cambios macro profundos, tiene un sendero de colisión.  Y no hay ingeniería política (acuerdos de gobernabilidad, liga de gobernadores, cogobierno con el peronismo federal, etc.) que pueda prevenir indefinidamente una corrección macro si dicha ingeniería no es capaz de crear las condiciones para que el gobierno modifique de cabo a rabo su actual política económica.  El maquillaje de un cambio de gabinete o en el régimen cambiario o una devaluación sin plan, no harían más que acelerar una corrección macro que hacia 2015 se vislumbra inexorable.