Por Luis Secco

 

Las oportunidades se multiplican a medida que se aprovechan. Sun Tzu, El Arte de la Guerra.

Hasta hace unos días atrás, resultó común escuchar, tanto de parte de autoridades económicas, como de formadores de opinión y comentaristas seriales, afirmaciones tales como: El precio del dólar en los mercados alternativos es irreal”; “La brecha (y la cotización del dólar no oficial) es injustificable”; “El dólar está carísimo y es uno de los más altos de la historia”; “El tipo de cambio oficial es competitivo y no hay motivos para devaluar”.

La reciente tranquilidad cambiaria redujo el caudal de tales expresiones y dio paso a una relativa euforia de parte de las autoridades y sus seguidores mediáticos. Inmersos en tal optimismo, pretenden transmitir la idea de que finalmente –con el Presidente y su ministro de Economía a cargo de la situación– el dólar está nuevamente bajo control y que lo que pasó en las semanas previas no fue más que un ataque especulativo.

Incluso, hasta dejan deslizar la idea de que dicho ataque –en parte– se debió a errores cometidos por el presidente del BCRA y que, hacia adelante, las decisiones en materia de política cambiaria pasarán exclusivamente por el escritorio del ministro Guzmán. Algo así como una suerte de reaseguro de que ahora sí la corrida cambiaria habría quedado definitivamente atrás.

Sin embargo, no hay que cantar victoria antes de tiempo. No se ha tomado aún ni una sola medida que ataque la raíz de la desconfianza en el peso. Las promesas de menor emisión fiscal y de contención del déficit el año próximo no son más que eso, promesas.

Por el momento, el esfuerzo de los responsables ha estado puesto en reducir la demanda de dólares y en aumentar su oferta a través de diferentes regulaciones en todos los mercados donde se transan legalmente divisas.

Al mismo tiempo, se ha buscado absorber pesos mediante colocaciones de deuda pública, en un intento por reducir (transitoriamente) excedentes de liquidez que eventualmente podrían volcarse al atesoramiento de la moneda extranjera. Todo ello acompañado de una campaña de persuasión para convencer al mercado de que el dólar en los mercados alternativos es caro y que las autoridades están al tanto de quiénes son los que operan fuertemente en dichos mercados (que, por cierto, vale la pena reiterar, son legales).

A la hora de justificar por qué el dólar no oficial tiene un precio excesivo y por qué una brecha del orden del 80% o más resulta injustificable, se hacen comparaciones con valores históricos, y cuestionar la cotización de la divisa a partir de ellas puede llevar a cometer errores de apreciación. Sobre todo, cuando se usa algún promedio del tipo de cambio real (el poder adquisitivo del dólar) para concluir si el precio de hoy es “razonable” o si resulta demasiado alto o bajo (respecto de esa media histórica).

Si se acortara el período de análisis, si se lo segmentara o si hiciéramos comparaciones con tal o cual contexto histórico, el resultado terminaría dependiendo en definitiva de cómo (¿quién?) se decide la periodización o la comparación (con los riesgos obvios de forzar una respuesta).

Otra explicación que dan los que sostienen que el precio del dólar en los mercados libres es injustificable, pasa por aseverar que basta con ver el superávit comercial récord histórico actual (USD11,562 millones hasta septiembre) para darse cuenta que hasta el tipo de cambio oficial es súper competitivo. ¡Pero atención! Dicho resultado positivo es fundamentalmente producto de la notable caída de la actividad económica y del colapso de las importaciones que ella produjo.

De hecho, los volúmenes de exportación también descendieron (-8.5% en los primeros nueves meses del año), sólo que las importaciones cayeron todavía más (-17.7% en el mismo período). Además, no es trivial que las mismas vengan mostrando en los últimos meses una paulatina recuperación (no así las expo), lo cual parece explicarse más por cuestiones que hacen a la valoración del dólar oficial (se lo juzga barato y/o insostenible y se deciden anticipar algunas importaciones) que por cuestiones relacionadas con el nivel de actividad económica.

Haciendo a un lado estas explicaciones o justificaciones, lo que parecen perder de vista quienes están al mando de la cartera económica es que el precio del dólar en los mercados alternativos al oficial indica lo que los agentes económicos están libremente dispuestos a pagar por él. Y ese valor es el dual (la otra cara de la moneda) de lo que vale el peso.

El problema es lo poco que vale nuestra moneda, no lo mucho que cuesta la moneda estadounidense. Y el bajo valor del peso no es sólo el resultado de que sobran pesos hoy, si no que seguirán sobrando mañana. Como los mercados alternativos al dólar oficial (MEP, CCL, blue) son de los pocos mercados libres que quedan (recordemos la inmensa cantidad de precios congelados hoy vigentes), son ellos los que reflejan mejor y más rápido las inconsistencias macroeconómicas actuales y futuras.

Las autoridades no deberían dejarse llevar por ninguna ola de euforia. Y en lugar de celebrarse, la relativa paz cambiaria de la última semana debería ser aprovechada para armar un paquete consistente de medidas que apunte al corazón de tales inconsistencias. No sólo las que hacen al equilibrio macroeconómico, sino también las que hacen a las debilidades estructurales que hacen tan difícil que Argentina pueda crecer.

Aprovechar las oportunidades que se presentan genera nuevas oportunidades. El Gobierno hizo algunos movimientos y compró algo de tiempo y una nueva oportunidad para hacer lo que hay que hacer. Pero no mucho más que eso.

 

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